About Me

Van Walton

Fun Facts about Van Walton

My favorite smell: The way the earth smells after it rains.

My favorite sound: The first notes of a grand symphony.

My favorite way to relax: Sitting anywhere outside - on my front porch, on my deck, or by the lake, early in the morning with my first cup of coffee.

My favorite birthday dessert: a Peach cobbler baked by my husband. He’s my fave chef!

I will not eat: Avocado. They turn my stomach into a volcano that never erupts.

Technology I couldn't live without and why: My laptop - it takes me anywhere I want to go.

One thing that makes me smile: My sons' faces!

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My Resources



My book, From the Pound to the Palace, is available for $10
from Proverbs 31 Ministries.


Pound to Palace


My book, Little Halos, is available for $5.99 from Proverbs
31 Ministries.


Little Halos


Proverbs 31 Ministries












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Thursday, September 20, 2012
I have recently switched over to wordpress. Please visit my new blog here.


Wednesday, September 19, 2012

Las diferencias se pueden usar para lo bien



Por favor vsíte mi página nueva: vanwalton.com

Conocí a mi esposo en la Universidad. Era muy joven. Tenia solo dieciocho anos. En muy poco tiempo me enamore de él. 

Me encantó su inteligencia, su autoestima, y como me trataba con respeto.

Pasamos mucho tiempo hablando por teléfono, conociéndonos uno a otro. 

En tres años nos casamos. 

Otra vez, en muy poco tiempo, me pregunté, “¿Por qué me casé con esta persona extraña? 

¡Ni lo conocía!   

¡Éramos tan diferentes!

Yo divertida. Él serio.


A mí me gusta hablar y hablar. ¡A él le gusta el silencio!  

Yo quiero pasar la noche bailando. Él desea mas quedarse quieto. 

Yo quería salir a pasear, rodeada de gente. Él estaba contento solo. 

Yo soy extrovertida.  Él es introvertido.

¡Somos tan diferentes!

Traté de cambiarlo. No tuve éxito en esa tarea. 

Poco a poco los dos nos fuimos en direcciones diferentes. 

No estaba feliz y no sabía cómo se iba a terminar esta relación. 

Me había casado con un joven quien me robó el corazón. Ahora sentí como si me hubiera robado mi vida. No estaba contenta. No me casé para vivir con un desconocido.

Después de muchos años, por la gracia de Dios, mi mamá me presento con un estudio de la personalidad.

Aprendí que todos somos diferentes. Dios nos hizo así.  Aprendí que las parejas casi siempre atraen a una persona opuesta. Dios nos hizo de esta manera para complementar el uno al otro.

Las fuerzas de mi esposo me ayudan a mí. Y los poderes que yo tengo son para su bien.  Juntos somos una pareja poderosa con muchos dones.

En la Biblia leemos sobre el primer matrimonio, la primera pareja:

15 El Señor Dios puso al hombre en el jardín de Edén para que se ocupara de él y lo custodiara… 18 Después, el Señor Dios dijo: «No es bueno que el hombre esté solo. Haré una ayuda ideal para él». El Señor Dios formó de la tierra todos los animales salvajes y todas las aves del cielo… pero aún no había una ayuda ideal para él.
21 Entonces el Señor Dios hizo que el hombre cayera en un profundo sueño. Mientras el hombre dormía, el Señor Dios le sacó una de sus costillas y cerró la abertura. Dios hizo de la costilla a una mujer, y la presentó al hombre.
23 «¡Al fin! —exclamó el hombre—.
¡Esta es hueso de mis huesos
    y carne de mi carne!
Ella será llamada “mujer”
    porque fue tomada del hombre».
24 Esto explica por qué el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su esposa, y los dos se convierten en uno solo.    (Genesis 2: 15-24 NTV)

Mira lo que hizo Dios: creó al hombre y le dio un trabajo. Pero necesitaba alguien quien le ayudara. ¿Será porque el hombre no tenía todos los dones necesarios para custodiar el jardín? No lo sé exactamente, pero Dios formó a la mujer para complementar el hombre, no para ser la misma persona.

Por eso somos diferentes. La diferencia fue puesta allí dentro de un matrimonio no para destruir sino para construir. 

Cuando me fijé de esta verdad empecé a averiguar las fortalezas de mi esposo y las mías. Yo estaba en su vida para ayudarle a él y él en la mía para ayudarme a mí. Cuando me di cuenta de esta idea, vi por primera vez que sus debilidades eran mis fortalezas  y él llenaba los huecos en mi vida donde yo no experimentaba mucho éxito.  

Juntos somos una pareja poderosa. 

Entender esta enseñanza- en como las personalidades diferentes, se usan para lo bien, cambio mi modo de ver mi matrimonio y vivir con gente que no entendía. 

Acabamos de celebrar cuarenta y un años de estarnos casados. ¡No puedo imaginarme casada con ningún otro! 

Decidí buscar lo bien en mi esposo para mi bien. Y cuando veo algo que no me guste, pues cierro los ojos y le pido al Señor que me muestre como puedo ayudarle a mi esposo en una manera respetosa y amorosa.  

Para mas sobre las personalidades únicas vuelva a visitarme en mi página los sábados. 

Mientras tanto- busque lo bueno en tu pareja y deja que Dios te muestre lo bien en tu matrimonio. Él es fiel. Nunca te dejará sola. 




Tuesday, September 4, 2012

My surfing soul


While sitting on the beach, enjoying the sunrise, a surfer’s routine inspired me. 

He floated onto a sunbeam where he turned his face toward the sun. Actually he focused on the incoming waves, waiting to catch the perfect swell. 

His activity captured my morning meditations. 

I had arrived on the beach to worship God, to sit still, and learn from his majestic nature.   

I enjoy a sunrise because it reminds me to turn my gaze toward the Son at the beginning of each day.            I wait, wondering what message God has for me.. 

This day, it was the surfer whose life on the surf caught my attention and spoke to me. 

He paddled onto the sun beam where he stopped for a moment. As I pondering his position I thought of my own pose- intentionally stopping at the beginning of my day to get my bearings. Was this what the surfer had in mind- getting his bearings? 

Then, at the right moment, he turned his surfboard and began paddling. He paddled with the waves, making the swells and curls of the wave work with him, instead of against him. What appeared to me to be massive threats and challenges, the surfer turned into paths upon which to enjoy his day. 

I wondered, “What if every day each one of us ‘paddled’ out to meet Jesus and stood in the brilliance of His presence for just a few moments. Then, when we were forced to meet life head on and take on the challenges and threats—what if we stood up confidently, and confronted our obstacles,  turning them into pathways toward joy rather than allowing them to become avenues toward grief, distress, and disaster.

I looked at the powerful waves. I heard their thunderous crash against the shore and watched as sand, shells, and life churned to the surface. Waves pack powerful energy with enough force to destroy, demolish, and devastate.  Yet this surfer showed no hesitation as he faced the dominating force on the beach. 
He took control of the potential destroyer, stood up with confidence, and “walked” on water. 

The surfer mesmerized me as, time and time again, he paddled out to the sun’s rays cast on the surface of the ocean, sat a while, contemplated his surroundings, joined the challenge, and rode the waves into land. 

Freedom from fear! Joy in the journey. That is what I observed. 

Do I want to live in freedom filled with joy each day? Of course I do. Do I want to conquer and use each day’s forces in my favor. Yes! Is it possible? I now believe so – without a doubt.

How?

1-Position myself each morning in God’s light. 

2-Wait for the opportune moment.

3-When the challenge arrives, as it surely will, join it and make it work for me, rather than against me.

4-With God at my back, stand tall. 

(I can do this because as I positioned myself earlier He frilled me with the perfect amount of strength, courage, and wisdom to stand up to any challenge.) 

5-The ride of a lifetime begins as I take authority in Jesus’ name over my obstacles. 

Suddenly, although I am sitting on the beach,

                        My soul surfs!